
Ya lo decía el inigualable Luis Piedrahita (que, por cierto, según el señor José Saramago no existe, porque no puede haber una persona que reúna tanto talento) en el indescriptible monólogo que dedicaba a los juegos de mesa: cuando las cosas se ponen feas, nada mejor que una excusa recurrente.
En el universo de los juegos de mesa, nada como el "es que en mi casa jugamos así". Sin embargo, en asuntos de violencia, el alcohol es la estrella. Y es que, dejando a un lado la enajenación mental transitoria, no hay nada como asegurar estar borracho para que el juez nos exima de toda culpa.
Al menos, eso debe ser lo que piense nuestro querido compatriota Sergi, que por lo visto cree que el hecho de llevar -según él- unas copas de más le da vía libre para patear la cara de todo aquel que se le ponga por delante.
Querido Sergi, me temo que te equivocas: cuando uno está como una cuba se va a casita a dormir la mona, pero no molesta a viajeros apacibles que nada tienen que ver con tu (presunta) cogorza.
Ahora sólo queda por ver si la juez(a) se lo traga.